El ojo vago

Dale fuego a un hombre y estará caliente un día, pero préndele fuego y estará caliente el resto de su vida. Terry Pratchett

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Nombre: Myrddyn
Lugar: Villava, Navarra, Spain

23.6.09

Enemigos íntimos

Desde hace unas semanas, tengo un nuevo curro. Resulta que, allá por febrero, la mujer a la que estaba haciéndole el relevo por cuidado de hijo decidió que no estaban los tiempos para dejar ningún trabajo y que era mejor volver. Como no la conozco, me tomo la licencia poética de decir que es una guarra, pues cuando se cogió la baja dijo que no iba a volver ni de coña. Por otra parte, poco después de mi marcha echaron a un puñado de la gente que estaba fija, así que me libré de ser el primer expulsado (ya que habría sido el más barato).
Y ahí estuve unos meses engrosando las listas del paro, descansando y sin buscar con mucho ahínco, pues tenía que ir al concierto de AC/DC un jueves y no era cuestión de perdérmelo por trabajar. Se acercaba el verano y ya me veía yo tres meses en una sombra, con un libro (electrónico o no) y una cerveza, levantándome sólo lo justo para ir al baño y a fiestas de algún pueblo cercano.
Pero resulta que un primo mío me avisó de que una empresa de las que fabrican molinos de viento había cambiado de operador logístico y buscaban conductores. Les mandé un curriculum en el que relataba con todo lujo de detalle (número de palomas atropelladas incluído) mis años como repartidor de medicamentos por farmacias. Se ve que les gustó, porque me acogieron con entusiasmo y me entregaron un mapa de Navarra y una camioneta nuevecita.
Así que sí: vuelvo a ser un furgonetero loco. Esta vez no tengo que aguantar a farmacéuticas (con perdón) y, como ando sobre todo por el monte y no por Pamplona, en lugar de atropellar palomas esquivo corzos, yeguas, perdices y conejos (que son animales sanos y limpios que merecen vivir), contemplo hermosos paisajes (no en vano los molinos están en lo alto del monte: a ver si empiezo a llevarme la cámara) y derrapo por los pedregosos caminos que suben a los parques, llevando cualquier cosa que los gigantes necesiten para seguir moviendo los brazos y asustando a los Quijotes que pasen por allí.
Pero no todo es de color de rosa. Para empezar porque me temo que este año mis sanfermines van a ser muy cortos, pues los jefes no son muy amigos de dar días de fiesta a recién llegados.
Pero lo peor de todo es que allí trabaja también mi viejo archienemigo, JL. Antes de ir a la entrevista preparé mi collar de corazones de paloma y busqué en google algo sobre la empresa: allí vi su nombre, cosa que me inquietó. Sin embargo, el día de la entrevista no lo vi y pensé que sería una coincidencia.
Algunos ya leísteis sobre él en otro lugar, así que os recuerdo quién era y de paso pongo en antecedentes a los profanos: JL fue uno de mis profesores en la universidad. Ya allí me cayó mal: era una de esas personas que pronuncian "naiki" cuando leen nike, cosa que dice bastante de él. Pero aprobé aquello y procuré no cogerme más asignaturas que impartiera él, así que no pasó de ser un profesor gilipollas.

Acabé la carrera y entré a hacer las prácticas a una agencia de viajes. La cosa iba bien hasta que apareció él: quería un apartahotel. Le hice la reserva en el que quería (aunque hubo de por medio un intercambio de emilios que el calificó de amenazantes y mi jefa de normales) y allí se fue con sus odiosos niños -de tal palo...-. No tardó en llamar diciendo que el apartamento era una mierda y que quería otro. Se la cambiaron pero tampoco le gustó, así que empezó a echarme las culpas y, por suerte para todos, a evitar hablar conmigo. Quienes le atendían decían que era gilipollas, en el hotel decían que era gilipollas y él seguía quejándose. Yo mientras tanto estaba de los nervios pues, aunque remota, existía la posibilidad de que la hubiera cagado mandándole a un cuchitril.
Ya me estaba olvidando de él cuando vi su nombre en la web de la empresa. Y allí estaba en mi primer día: por supuesto, me hice el tonto y fingí no reconocerle. Lo mismo que él (o quizá no finja y sea tonto, claro). Los primeros días fueron duros, porque no había entrado nadie más y yo era el único a quien podía dar órdenes. Luego ya vinieron nuevas almas a las que podía atormentar y me dejó un poco en paz.
He de decir que la mayoría allí piensa que es gilipollas (aunque los que más mandan se cuidan mucho de decirlo, se les ve en la cara cada vez que le ven entrar por la puerta o les dices que esa cosa rara que estás haciendo te la ha mandado él). La verdad es que ya la ha liado varias veces, pero últimamente no aparece mucho por el almacén y estamos más tranquilos. Eso sí, el hecho de que haya bastantes más personas que tengan (más o menos) la misma opinión que yo me creé el segundo día de clase allá por el siglo pasado me tranquiliza y me da fuerzas para seguir fingiendo que no le conozco y que aún no me cae mal. Supongo que, ahora que salgo de viaje todos los días y paro poco por el almacén no lo veré mucho, cosa que ayudará también.
Por una vez, el tiempo me ha dado la razón.

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4.6.09

El fútbol es así

Pues otro año que Osasuna sigue en primera. Otra vez con mucho sufrimiento (y van tres años), pero ahí estaremos el año que viene. A ver si se nos da mejor.
La verdad es que esta ha sido la temporada de las desgracias. Al principio no metían gol ni al arco iris: postes, errores incomprensibles... Pronto llegaron las lesiones: un par de jugadores se perdieron toda la temporada a las primeras de cambio y la defensa se quedó en cuadro. Como solución, echaron a Ziganda al poco de comenzar y trajeron a Camacho. La cosa no mejoró: seguía el desacierto (ni de penalti marcaba Portillo) y ya estábamos en el farolillo rojo. Los árbitros tampoco ayudaban, aunque otros años da la sensación de que nos trataban peor. Y llegó el final de la primera vuelta: en Sevilla les quitamos un puntico a los del Pizjuán y en el Sadar apunto estuvimos de ganar al todopoderoso Barça (remontaron un 2-1 en los últimos minutos). Quedaba el partido del Bernabeu, que fue el colmo de la desfachatez arbitral (hasta entonces la cosa no había sido muy diferente de otros años), cuando Pérez Burrull expulsó a Juanfran por fingir dos penaltis que todo el mundo vio claros. La cosa tuvo bastante eco mediático, pero Osasuna acabó la primera vuelta con 13 miserables puntos: nadie (ni yo mismo) daba un duro
Pero comenzó la campaña del "Yo no bajo" y la cosa comenzó a funcionar en la segunda vuelta (con el campo lleno todos los domingos, a pesar de todo): victoria ante el Valencia en casa, ante al atlético en el Calderón y ante Español y Mallorca -rivales directos por entonces-. Increiblemente, Osasuna era el segundo mejor equipo de la segunda vuelta, sólo superado por el Madrid (el Barça atravesaba entonces un pequeño bache) y lograba salir del descenso. Una victoria ante el Athletic les ponía con la salvación al alcance de la mano, con una mezcla de casta, suerte y acierto -justo lo que faltaba al principio-. Pero ahí acabó la reacción: derrota en casa ante el Málaga en un partido con 5 o 6 expulsados (entre los dos), derrota en Getafe con un juego horrible, regalo al Recre en casa... Al final, otra vez en descenso y las alarmas a punto de reventar: quedaba jugar contra Sevilla, Barça y Madrid.
El Sevilla venía a asegurar la Champions y se tuvieron que conformar con un empate (pudo ser menos), por lo que la salvación seguía a varios puntos, aunque había muchos equipos en el ajo. Ese mismo domingo, el Barça se proclamaba campeón de liga, por lo que sacó al equipo B para reservar a las estrellas para la Champions y Pandiani logró tres puntos de oro. Seguíamos en descenso, pero dependíamos de nosotros mismos. Eso sí, había que ganar al Madrid (que no se jugaba nada, pero es el Madrid). Y se le ganó, con golazo de Juanfran incluido, el mismo día que el mítico Cruchaga, el Gran Capitán, jugaba su último partido (el primero lo jugó con el equipo en primera, hace la tira de años). Un gran broche a la carrera de un osasunista de pro: ganar al Real Madrid en casa y conseguir la salvación. Gracias por todo César.

Los que sois de un equipo grande diréis que sí que me contento con poca cosa. Y tendréis razón, claro, pero como no estamos acostumbrados a ganar títulos cualquier alegría es mayor: ganar al Madrid o al Barça y salvarse ya es una temporada exitosa (aunque no hace tanto que nos paseábamos por Europa, sabemos dónde estamos). Eso sí, a ver si para el año que viene Camacho hace un buen equipo, que ya nos toca estar tranquilos.


¡Aupa rojos! Gracias Cruchaga.

PD: no he dicho nada de la afición, pero sin duda ha sido lo mejor de la temporada de largo.

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14.5.09

En tierra cervecera VI: todo tiene su fin

Y por fin llegó el día en que teníamos que correr al aeropuerto cargados con nuestras maletas y con más barriguilla cervecera que cuando salimos de Pamplona. Aún así, antes de eso nos fuimos a un mercadillo a comprar recuerdos de esos de última hora para parientes pelmas y compromisos. Antes de subir al avión nos tomamos la última cerveza buena (en suelo internacional, eso sí. Ahí todas son de importación, ¿no?).

Eso es cultura cervecera

Hasta ahí lo bueno del viaje. Sin salir del aeropuerto empezaron los males: unos mozos de escuadra nos vieron mala cara y nos pararon cuando cogimos la furgoneta.
- Buenos días.
- Buenos días.
- ¿A qué vienen al aeropuerto?
- No venimos, nos vamos. Acabamos de volver de Praga.
- ¿Y a dónde van?
- A Pamplona.
Hay respuestas que no es conveniente dar a las fuerzas de seguridad, y menos si llevas una semana sin afeitarte, vas en una furgoneta repleta de bolsos y estás en un aeropuerto.
- DNI.
- Sí, por aquí está.
- Y el de los de atrás también.
En el asiento del copiloto no había nadie, porque el Capitán Cavernícola había ido a pagar el parking. Los coge, los mira, nos mira...
- ¿Has cometido alguna vez algún delito?
- No.
- ¿Seguro?
- No. Digo... sí, seguro.
Se asoma otra vez por la ventanilla y me mira. Ya ha olvidado definitivamente hablarnos de usted. Se ve que ha cogido confianza.
- ¿Y tu amigo el de atrás?
- Tampoco.
Me vuelve a mirar. A punto estoy de confesar que me bajo música y pelis con el emule y lo de las dos niñas que tengo encerradas en el corral del pueblo, pero me muerdo la lengua, me rehago y pongo cara de póker.
- Ábreme la parte de atrás.
Van atrás. Yo aprovecho para reirme un poco, ahora que no me ve. No mucho, porque pronto se acerca otro y vuelve a asomarse. Es lo que tienen las ventanillas tintadas, que provocan curiosidad. Al final parecen darse por satisfechos y nos dejan marchar. En cuanto los perdemos de vista, recogemos a los del parking y salimos de allí a cometer algún que otro delito al volante.

Por el camino tuvimos que parar a comer y me pedí una cerveza. Craso error: aunque no era de las malas me supo a rayos. Malísima. Y es que después de tanto día bebiendo buenos néctares, ninguna cerveza española es buena (y menos de lata).
Otra aportación española a la humanidad (y eso que no han probado la cerveza)

Llegamos a casa justo a tiempo para irnos de cena (ese fin de semana eran fiestas de Villava) y a mí seguían sabiéndome mal las cervezas del país. Y tampoco era cuestión de estar toda la noche pagando Urkel o Staropramen, que aquí valen un riñón. Como además hacía bastante frío, decidí pasarme a los cubatas de ron. Pero ni por ésas: aquello me sabía muy muy dulce. Hasta empalagoso. Así que ahí estuve toda la noche sin beber agusto y jodido de frío. Y lo peor de todo es que, acostumbrado a que no me entendieran, soltaba en voz alta mi opinión sobre las pintas, el pelo o las tetas de todo aquél que se cruzaba en mi camino. Por suerte, la mayoría estaban borrachos y no hubo una tragedia.
Y así terminó mi viaje cervecero. Otro año tengo que ir a Bélgica a visitar monasterios y tabernas que hagan cerveza de 13º. Y este 2009 es el 250 aniversario de la Guinness, buen momento para ir a Dublín a ver la fábrica: dicen que la que te dan allí (una pinta con la entrada de la visita) es la mejor que te puedes tomar en el mundo, porque la Guinness pierde propiedades al viajar y esa no ha viajado nada. Habrá que probar.

PD: en un par de semanas podía beber cerveza española y beber cubatas sin ningún problema, pero la primera noche fue muy dura.

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27.3.09

En tierra cervecera V: el día después

Al día siguiente, me despertó uno de nuestros compañeros de habitación, que había llegado la noche anterior y estaba ya deseando irse a la Oktoberfest. Me dieron ganas de irme con él y desayunarme una jarra, pero no lo hice. En su lugar, me acerqué a la cocina y cogí lo primero que pillé. Craso error: lo único que allí había era un vaso y un grifo. Logré combinarlos entre ellos, pero al tratar de beber el agua fui incapaz. No es sólo que no supiera a cerveza (creo que era el primer trago desde que cogí el avión), es que el cristal del vaso era tan fino que la mayor parte del agua cayó a la fregadera y no a mi reseca garganta. Se ve que mis labios se habían acostumbrado al grosor de las jarras y no había forma de beber de vaso. Incluso agarrarla -así, sin asa- se me hizo difícil.
Tras ese traumático desayuno nos fuimos a ver Munich, ya que esa misma tarde volvíamos a Praga. Visitamos un gran parque en el que hay una especie de torre china. La gente por allí estaba más tranquila que en la feria, pero no por ello dejan de beber cerveza: en cualquier esquina hay un barico con una terraza y gente bebiendo jarras en ella. Comimos (y bebimos) en el mismo mercadillo en el que compramos provisiones para el viaje.
He de decir que Munich es una ciudad bastante acogedora y entretenida, incluso fuera de Theresenwiese. No dejéis de visitarla si tenéis ocasión. Y si vais más de un día -no como yo- mejor.
Otras siete horas de tren hasta llegar a Praga. Como ya me había leído entero el libro que me llevé en el viaje de ida, en este me dediqué a ganar a la brisca. Por suerte, el trayecto fue más tranquilo, sin perros ni aglomeraciones. En Praga, nos fuimos directos al hostal. Esta vez nos colocaron en una casita en el jardín en la que estábamos sólos, así que cenamos allí tranquilamente. Se me acabó la cerveza, así que me salí al jardín a tomar el aire con una jarra llena de... zumo. Lo puse en la jarra para que no se me cayera todo al suelo. Y, aunque seguía sin saber a cerveza, al menos pude bebérmelo todo.

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4.2.09

Tan jodido enero como febrero



Vaya por delante (por detrás, en realidad, ya que he puesto los vídeos primero):
1) que Wyoming siempre me ha caido bien y me ha parecido divertido,
2) que soy más bien de izquierdas (supongo) pero en la vida he votado al PSOE -ni a nadie. Suelo votar en blanco o, directamente, tomarme una cerveza mientras los demás van a votar-,
3) que no viví el asunto en tiempo real, pues no veo ni el intermedio ni el canal Intereconomía . Para cuando me di cuenta del asunto ya se sabía la verdad y
4) que en la vida he visto el canal Intereconomía. Pero simplemente porque tendría que estar muy enfermo o aburrido para ver, leer o escuchar algo con ese nombre. Hasta ayer, ni siquiera sabía que eran PPeros.

Todo esto lo digo para que se sepa que, probablemente, no sea muy objetivo al respecto -aunque lo intentaré. Veremos que sale-.

No sé qué habría pensado si hubiera visto sólo el vídeo. Probablemente, al principio habría pensado que era de coña y luego me habría quedado sin palabras. La única pista (el tío que le susurra que es una becaria y que cobra 300 €. Con una bronca real, yo no iría a decirle nada) es lo bastante sutil como para no darme cuenta. El caso es que tampoco me extrañaría que fuera cierto viniendo de Wyoming. Hay humoristas que parecen más bonachones e incapaces de hacer eso, la verdad. Quiero decir con esto que tampoco hay que ser muy sectario para picar.
He de reconocer que Wyoming ha vivido tiempos mejores. Como decía aquel, contra Aznar vivíamos mejor: me hacía más gracia cuando criticaba al gobierno que ahora. Y lo mismo vale para Caiga Quien Caiga: ¿dónde está el humor ácido de antes? No es que no se metan con ZP, pero son mucho más amables. Caiga Quien yo Quiera, debería llamarse. Yo lo que quiero es reirme, que bastantes disgustos y broncas tengo sin encender la tele. El que es gracioso lo es independientemente del pie que cojee (vease Tip -otro de mis favoritos-, derechón pero genial), pero a mí me hace más gracia que se critique al que manda que a la oposición.
Sobre el vídeo en cuestión ha habido muchos comentarios: desde defensores hasta gente que pedía el fusilamiento al amanecer del gran Wyoming. Al saberse la verdad, los defensores han pedido la cabeza de los de Intereconomía y los otros han dicho que la culpa es de Wyoming, que ese chiste no tiene ninguna gracia. Yo entiendo que a alguien que sea o haya sido becario o conozca a alguien en esa situación no le haga ni puta gracia el chiste, pero por los defensores de lo politicamente correcto no paso. Señores, eso no es un chiste: es un montaje. Martes y 13, Tip y Coll, Cruz y Raya, los hermanos Marx, Faemino y Cansado. Incluso los Morancos, Paz Padilla o Chiquito. Me juego todo lo que cobre en marzo a que ninguno de ellos haría eso si se les pide un sketch sobre la mala vida de los becarios: con Martes y 13 el jefe acabaría vestido de becaria; con Cruz y Raya la becaria sería gitana y aparecería Juan de Dios a liarla; los hermanos Marx quemarían el sombrero del jefe... Lo del Intermedio está hecho para pillar y tiene que parecer real, no gracioso.
Ahora bien, si ese vídeo lo ven uno enemigos declarados de Wyoming, lo primero que hacen es afilarse los colmillos y empezar a producir saliva. Su error no es emitirlo (exclusiva mundial, dice) sin tratar de probar su veracidad -que esa es otra: si hacen eso con todos los emails, sus ordenadores deben de ser los más infectados de España-, sino aprovechar para insultar al otro. Si a mí me mandan una foto de mi peor enemigo violando a una oveja, la colgaría en este blog (o donde fuera) pero no lo acompañaría de una retahíla de insultos, pues es un documento que habla por sí sólo de la catadura moral del otro y no necesita comentario alguno (Wyoming no está violando a nadie, pero tampoco necesita palabras). Y quiero pensar que, si hubiera sido al contrario, en el Intermedio habrían hecho algún chiste -con más o menos gusto y gracia, pero chiste- sobre el tema. Eso sin contar que uno es un programa serio y otro humorístico, que esa es otra.

Pero es que, encima, una vez ven que se les ha visto el plumero, en lugar de callar y dejar que la cosa se olvide (en la tele de hoy todo tiene corta vida), se revuelcan aún más en el fango con malas excusas y más insultos, cosa que los otros aprovechan para regodearse y, supongo, aumentar la mala leche de Intereconomía. Si eso no es ponerlo a huevo...
Aquí iría una conclusión, pero ya ni yo mismo sé que venía a decir con tanta palabrería (y juro que cuando he empezado todo esto tenía esa conclusión en mente). Por tanto voy a citar a Groucho Marx: "encuentro la televisión muy educativa. Cada vez que alguien la enciende, me retiro a otra habitación a leer."

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25.1.09

En tierra cervecera IV: Valhalla

Al día siguiente, me desperté como en las mañanas de Reyes de cuando era niño: temprano y deseando saltar de la cama. Iba a hacer realidad uno de mis sueños: estar en la Oktoberfest (el otro es ir a colonizar un planeta lejano, pero mucho tiene que avanzar la NASA para que lo logre en esta vida). Mientras esperaba a ver si se despertaban los demás, vi que el alemán de la noche anterior seguía prácticamente en la misma postura y roncando igual de fuerte. El rato que tardó la gente en despertarse, prepararse y salir del hostal se me hizo eterno, claro. Ya eran las nueve de la mañana y seguía sobrio. En realidad no comienzan a servir cerveza hasta las 10, así que la cosa no era tan grave, pero yo estaba igual de impaciente. Antes de llegar a Theresienwiese, la campa en la que tiene lugar todo el evento, paramos a desayunar en una cafetería. Yo hubiera ido directo a desayunar cerveza, pero bueno.
Al final, ya eran más de las 10 cuando entramos. Aquello es como una feria normal y corriente: norias, trenes del terror, montañas rusas, puestos de algodón de azúcar... Así que puedes ver niños correteando por allí, pares, abuelos... Lo bueno son las casetas de las cervezas, que es como entrar a otro mundo. Cada marca de cerveza tiene su carpa, separada del resto de la feria (no puedes beber fuera de los recintos). Algunas tienen mesas en el exterior, aunque nadie las usaba porque hacía un frío del carajo. Nos habían dicho que la carpa con mejor ambiente era la de Augustiner, así que allí nos encaminamos.
Hay que explicar, para quien no lo sepa, cómo funciona la historia: la carpa está llena de mesas en las que te sientas, con un espacio para la banda (de música tradicional bávara) y todo rodeado por barriles de cerveza; hay gente que está continuamente llenando jarras de esos barriles y los camareros las van cogiendo y sirviendo por las mesas. La clave es sentarse: si no estás en una mesa, el camarero no te sirve. No puedes ir a la barra, pedirte tu birra y pasearte por allí. Por eso, la gente llega a primera hora, se sienta y se levanta diez o doce horas después para volver (como puede) a su casa. Puedes levantarte para ir al baño (siempre que te asegures de que te guardan el sitio), ponerte de pie en el banco para brindar, cantar, bailar, caerte... Lo que no se puede es subirse a la mesa: te dirán amablemente que te bajes y, si insistes, te sacarán -no tan amablemente- por la puerta.


Así pues, lo que hicimos cuando mis ojos dejaron de parecer platos fue buscar un sitio para sentarnos. Como las mesas son grandes (para diez o doce personas), lo normal es que tengas que pedir permiso para sentarte en aquellas en las que haya un hueco. Nosotros éramos siete, pero nos conformábamos con tener sitio para dos o tres y que fueran pidiendo la cerveza para todos. Sin embargo, no hubo suerte: la gente guardaba huecos a sus amigos -o eso decían- y no nos dejaba. Tras dar una vuelta, tuvimos que abandonar la carpa de Augustiner sin probar la cerveza.
Entramos en otra que había por allí: Schottenhamel, que no es una marca de cerveza sino el nombre de la familia que la regenta. La cerveza que sirven es Spaten, es la carpa más antigua de la Oktoberfest y la ceremonia de apertura del primer barril tiene lugar allí. Allí tuvimos más suerte, pues dos americanas estaban solicas en una mesa y nos dejaron sentarnos a todos. Majas las chicas.
Pronto comenzó a correr la cerveza: el primer trago que le di a mi jarra de litro habría bastado para dejar vacío cualquier botellin de los que se sirven aquí. Qué gran sensación es quedarse saciado y que todavía quede mucha cerveza en la jarra. Qué gusto da brindar con el de al lado sin miedo a que se vaya a romper el vaso. Qué alegrías para la vista dan las chicas vestidas de tirolesas (y qué majas son: se prestan con una sonrisa para las fotos por mucha cara de degenerado que tengas).
Dejadme deciros que si existe el paraíso, tiene que ser parecido a eso. Buena cerveza en grandes cantidades, música fiestera, mujeres guapas... No me extraña que los vikingos creyeran en Odín, si les prometía cosas así. No hay valkirias, pero ya digo que las bávaras no les van a la zaga.


Junto a nuestra mesa, había un equipo de rugbi francés (más tarde los echaron por enfadar a una de nuestras americanas -le levantaron la falda-), unos escoceses y otros americanos, por lo que pronto estábamos todos cantando y brindando. Cantamos aquello de "alcohol, alcohol, alcohol, alcohol, alcohol, hemos venido a emborracharnos, el resultado nos da igual", lo que atrajo inmediatamente la atención de unas españolas que había por allí.


Y en esas estábamos, poniéndonos hasta arriba de cerveza (excepto OKT, Aquella que Sólo Bebe Cocacola), brindando, cantando y bailando, cuando uno de los americanos de la otra mesa me preguntó que si era un puto asesino (traducido literalmente). Como para entonces ya les habíamos dicho de qué parte de España éramos me imaginé por dónde iban los tiros, así que le dije que no, y que si él -ya que era americano- dormía con una pistola debajo de la almohada. La cosa no le hizo mucha gracia y se puso a hablar más rápido y a más volumen, por lo que no le entendí nada: creo que me estaba invitando a ir a su casa en mis próximas vacaciones y tirarme a su hermana, o algo así, porque sólo le entendí algún fuck de vez en cuando. En cualquier caso, sus amigos se lo llevaron a su mesa y uno me pidio disculpas porque su colega estaba pedo. Yo le dije que muy sereno tampoco estaba y que no pasaba nada, pero cinco minutos después el individuo volvió a la carga. Para no liarla, decidí salir un rato a tomar el aire.
En la calle, había salido el sol y el frío había desaparecido. Me di una vuelta, pero el sol me deslumbró y me perdí. Estuve un rato hablando con unos andaluces que había por allí y que no habían podido encontrar un sitio para sentarse. La conversación contribuyó a desorientarme todavía más, así que tuve que volver hasta la puerta de entrada y volver a recorrer el mismo camino -pasando por la carpa Augustiner- hasta encontrar la mía. Para entonces, ya volvía a tener bastante sed, así que me dirigí a nuestra mesa. Cuando llegué, allí estaba el hijoputa de americano encarándose con Rainman (que no sabe mucho inglés, así que imagino que no le entendería ni papa). Esta vez, sus colegas se lo llevaron de la carpa, con lo que la cosa mejoró bastante cuando pudimos volver tranquilamente a nuestras cérvezas y nuestros cánticos.


A media tarde, el nivel etílico había aumentado bastante y empezaron los heridos: el Capitán Cavernícola (no sé cómo) rompió una jarra al brindar y un trozo de cristal le cortó la muñeca, por lo que tuvo que irse a que le curaran. Por suerte, la tienda de primeros auxilios estaba cerca. En un momento, nos separamos y salimos de la carpa. Ya estaba anocheciendo y parecía que la gente se iba. Nosotros vimos la torre de la carpa de Paulaner y, como polillas a una bombilla, nos sentimos irremisiblemente atraidos por ella. Allí había ya poca gente, así que no tuvimos problema para conseguir mesa. Parecía imposible que mi cuerpo pudiera tolerar más cerveza, pero al probar la Paulaner no pude menos que beberme la jarra entera y pedir otra. Deliciosa. La banda estaba tocando versiones de éxitos contemporáneos: lo mismo te tocaban AC/DC que Deep Purple que los Beatles.


Allí estuvimos hasta que nos pareció hora de irnos a casa (ya casi no quedaba gente por la feria), saciados de cerveza -aunque yo me habría tomado otra en algún bar de Munich-, cansados y doloridos (casi todos nos habíamos llevado algún golpe, y es que no es fácil bailar en un banco). El brillo de mis ojos no era sólo producto del alcohol: la felicidad también cuenta.
Volveré.

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28.11.08

Hijos de la ira

Ayer se pusieron a la venta las entradas para el concierto de AC/DC en Bilbao, así que me fui al Corte Inglés a ver si había suertecilla. Y, por supuesto, no la hubo. Cuando llegué, ya tenía 329 personas por delante (no me acabo de inventar el número: es que repartieron numericos, como en la carnicería), a pesar de lo cual me quedé esperando, por si acaso.
La gente nos miraba como si estuviéramos locos. Y eso que por mi zona sólo llevábamos unos minutos esperando: los locos de verdad eran los primeros, que habían pasado allí la noche más fría del año. Una viejilla preguntó para qué era la fila esa y un tipo le contestó:
- Para la pastelería, señora.
- ¿Uuuuh, pues me voy a otra!
- ¡Que no, señora! Que estamos esperando a que abra el Corte Inglés. -Dijo el tipo al ver su cara de angustia.
- Arg, menos mal
A eso de las 10 abrieron las puertas y, al menos, dejamos de pasar frío. En la media hora que llevaba allí ya había hecho amistad con 3 universitarios, un flipado y una madre que quería la entrada para su hijo. Estábamos bastante resignados, pero ninguno nos fuimos. Los universitarios, como eran 3 y podían guardarse el sitio, se acercaban de vez en cuando al mostrador a ver cómo iba la cosa y volvían con la tristeza en el rostro: las entradas salían con cuentagotas. No habían vendido más que tres o cuatro.
Mientras tanto, las historias que se escuchaban allí eran cada vez más extrañas: una chica dijo que su amiga había comprado dos por internet, hacía escasos segundos, en la página del club de fans. Inmediatamente, otra sacó un portátil no sé de dónde e intentó conectarse -sin éxito-. Alguien dijo que en Gijón habían vendido dos entradas. Otro preguntó si al día siguiente quedaría alguna (jeje). Otro propuso coger cada uno un utensilio de cocina -las entradas las venden en esa sección- y salir todos a la vez: no creo que nos detengan a los 400. Vale, sí, fui yo el que lo propuso, pero la gente parecía tener de todo, pues nadie se animó.
A eso de las 10:30, un tío dijo que se habían agotado. Seguimos avanzando por si acaso, mientras la gente se iba largando, hasta que vimos al gerente haciendo gestos con la mano para que nos fuéramos. Alguien dijo que, en total, se habían vendido 20 entradas. El flipado todavía se quedó -por si acaso lo dicen para que no les colapsemos la planta-, a pesar de que ya había dicho tres o cuatro veces que ya tenía entradas para Barcelona. Allí lo dejamos.
Hoy leo en el periódico cosas como que se han vendido en toda Navarra unas 50 entradas, que en Bilbao tuvieron que salir los antidisturbios para controlar la que se montó porque la gente se quedó sin nada (de hecho, se han vendido más entradas en Sevilla que en Bilbao). Y he recordado los viejos tiempos, cuando ibas a tu tienda de discos y cogías allí las entradas, sin que el dependiente tuviera que manipular ninguna máquina o esperar a que alguien de Gijón le dejara la vez: cogía el taco, cortaba la entrada, te la cobraba y listos.
Por eso, yo declaro solemnemente que el Tick-Tack-Ticket de los cojones es el puto peor invento de la música desde el play-back.
Es que manda huevos: ya es un asco que en cualquier concierto normal te den esa puta fotocopia de mierda en lugar de una entrada como DIO manda. Es que, si quieres ir a uno un poco grande y con escasez de localidades, te puedes dar por jodido: tus posibilidades son más o menos las mismas que las de acertar una quiniela (no lo he calculado; eso se lo dejo a los expertos). Y, para más INRI, cobran gastos de distribución. Pero si sólo distribuyen mala leche, hombre.
Y no, este cabreo no tiene nada que ver con que me haya quedado sin entradas ayer. De hecho, ayer mi ira no era tan grande como hoy, tras reflexionar sobre el asunto.
Porque, ¿a quién beneficia todo esto?
No a nosotros, desde luego: la única ventaja que le veo es que puedes coger entradas para cualquier sitio. Pero normalmente vas a cogerlas para lugares cercanos, no para Sevilla.
A los grupos, evidentemente, les da igual cómo sea tu entrada o de dónde vayas con tal de que estés allí.
Los promotores se ahorran imprimir las entradas y distribuirlas por los sitios de venta, pero no creo yo que sea un dineral tan grande. Eso sí, es una molestia y una preocupación menos. Supongo que pagarán algo a TTT por prestarles el servicio (por llamarlo de alguna manera) y se olvidarán del tema.
Y TTT te la vende, se queda su comisión y se va enriqueciendo. Porque encima tiene el monopolio: o la coges ahí o te olvidas. Te puedes arriesgar a ir a la taquilla, pero si el concierto no es en tu ciudad, puede ser una putada llegar y encontrarte sin entrada. No tienes más cojones que coger tu fotocopia e irte a casa refunfuñando (no sirve de nada quejarse al que te vende la entrada, que no tiene nada que ver con TTT).
Desde que cogí mis primeras entradas con ese puto sistema, intuí que aquello era una mierda. Y es en estos eventos, con todas las líneas vergonzosamente colapsadas, cuando me doy cuenta de que tenía toda la razón. Me dan ganas de entrar a currar al Corte Inglés, coger la puta máquina de las entradas y tirarla por la ventana a ver si rebota.
Sin embargo, sólo me queda el derecho al pataleo y, como no me van a llamar de Tele5 para que vaya a gritar allí, os doy un poco el coñazo aquí.

¡¡¡TICK-TACK-TICKET, CABRONES!!!

¡OJALÁ REVIENTEN TODAS LAS MÁQUINAS A LA VEZ Y EL QUE LAS INVENTÓ TENGA LOS DEDOS DENTRO DE UNA!

Pero para que esto no quede como un ejemplo de mala leche, os dejo un video que acabo de ver:



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